Se nos cae encima otro asteroide.

  13 abr 1999. Y esta vez, los autores del descubrimiento no han avisado. Benny Peiser, galardonado recientemente por la Unión Astronómica Internacional con un asteroide, es un investigador interesado por las catástrofes relacionadas con los impactos y moderador de un foro electrónico sobre materia interplanetaria. Hoy martes ha destapado una de las historias astronómicas del año. Peiser nos sitúa: "Imagine que un nuevo asteroide descubierto, de alrededor de dos kilómetros de diámetro, tiene ruta potencial de colisión con la Tierra en sólo 40 años y nadie le avisa". Esta es la historia del asteroide 1999 AN10.

&npbs; Los autores de este hallazgo son los italianos Andrea Milani, Steven R. Chesley y Giovanni B. Valsecchi, quienes el 26 mar 1999 publicaron un artículo en su página web relatando los pormenores de la órbita de un asteroide descubierto el 13 ene 1999 por el proyecto LINEAR. Según este equipo, el 1999 AN10 tendría acercamientos con la Tierra durante los próximos 600 años. El más próximo en el tiempo sería en el 2027, cuyo peligro no es descartable pero es bastante bajo. Aplicando una teoría de retornos resonantes formulada por Brian G. Marsden (Centro de Planetas Menores, UAI) y teniendo en cuenta las decenas de soluciones posibles, han llegado a la conclusión de que en el acercamiento de agosto del 2039 las probabilidades de colisión con la Tierra muy bajas, aunque no nulas: "Esto resulta en una estimación de la probabilidad de para el impacto del orden de 109". El número es bastante grande, pero "si asumimos que la probabilidad de un impacto por parte de una asteroide de 1 km no descubierto es del orden de 105 por año, la probabilidad de impacto del 1999 AN10 en el 2039 es menor que la probabilidad de tener una colisión con un asteroide desconocido en las próximas horas". El 1999 AN10 pasará muchas centurias relativamente cerca de la Tierra así que tendremos que estar atentos a su órbita durante bastante tiempo, calculando sus posibles trayectorias y descartando posibilidades. El grupo italiano concluye afirmando que se necesita comprender mejor la teoría de los retornos resonantes y no resonantes para poder predecir en el futuro las órbitas de este asteroide. Desde finales de febrero y hasta junio no es posible observar al asteroide, al encontrarse en el fulgor solar.
  Benny Fisher opina que esta ocultación de datos es culpa de una política oscurantista de la Agencia Espacial Estadounidense: "La NASA amenaza a los investigadores con cortarles las subvenciones si se les ocurre publicar información tan sensible en cualquier otro medio que no sea un medio arbitrado". Sin embargo, las dudas flotan en el aire, ya que el web perdido de estos investigadores no puede considerarse una publicación con arbitraje ni mucho menos. No se ha compartido abiertamente con la comunidad científica estos resultados, como sí se hizo en el caso del asteroide 1997 XF11. Peiser defiende que se debe abrir un debate de cómo manejar en el futuro este tipo de información sobre riesgos potenciales.
  Es evidente que los medios de comunicación tienen una responsabilidad muy grande y deberían contribuir a no sembrar el pánico a cambio de ofrecer una noticia amarillista. Al contrario, pueden servir como fuentes de información contrastada a un público cada vez menos permeable al sensacionalismo. Afirma Benny Peiser que el peligro de este asteroide no es nos debe quitar el sueño, pero viene a tiempo para recordarnos (tal que post-it asteroidal) que el peligro potencial sigue sobre nuestra cabezas y no hay que dormirse en los laureles. Por cierto, a la mente viene el cuento de pastor mentiroso...