El eclipse de Sol, Nostradamus y el fin del mundo.

  8 ago 1999. A raiz del próximo eclipse total de Sol se ha creado una gran alarma social. Según diferentes fuentes algún tipo de objeto celeste impactaría con la Tierra causando una gran catástrofe. En los siguientes párrafos trataremos de explicar, con datos científicos, qué de cierto o falso hay en dichas afirmaciones.

1. Introducción.
  Existe una gran preocupación sobre las profecías de Nostradamus y su relación con el próximo eclipse total de Sol del 11 de agosto. Muchas personas las han relacionado con escritos religiosos que hablan del apocalipsis. Sobre todo a través de Internet se está divulgando información referentes a objetos celestes sospechosos de colisionar con la Tierra. Desde aquí daremos la perspectiva astronómica y científica del asunto. No es este un documento que trate estas profecías en base a ninguna fe o creencias.

  Para hacer astronomía, al contrario que con las artes adivinatorias, no hay que ser una persona especial. Los objetos celestes no pueden ocultarse a la observación. Astrónomos aficionados de todo el mundo son capaces de ponerse a la altura de los observatorios profesionales. Por esta razón, buena parte de las supernovas y los cometas son capturados mediante telescopios modestos con cámaras digitales. Otras veces se usan simples cámaras fotográficas. Si existe algo importante ahí fuera, muchos astrónomos lo hubiesen descubierto ya. No es posible una conspiración gubernamental ¡el cielo es de todos!

  En cualquier caso, veremos qué de verdad hay o no en las diferentes afirmaciones que se realizan.

2. Las Profecías de Nostradamus.
  Según Nostradamus, algo horroroso vendría del cielo durante el mes séptimo del año 1999. El mes siete va a concluir y nada ha pasado. Pero en sus escritos, que algunos creen realmente predicciones, se afirma lo siguiente:

Cuarteta 72 de la décima Centuria: "El año mil novecientos noventa y nueve siete meses / Del cielo vendrá el gran Rey de terror / Resucitar el gran Rey de Angolmois / Antes después de Marte reinar por buena hora".

Cuarteta 34 de la tercera Centuria: "Cuando la falta de Sol sea / En pleno día el monstruo será visto / De otra manera se le interpretará / Carestía no importa, nadie lo habrá previsto".

  ¿Se refería Nostradamus al eclipse de agosto? Pues en principio, las fechas podrían coincidir, ya que en el cambio del calendario juliano a gregoriano hay una diferencia de 14 días. Pero ¿quien se fía de un adivino que puede predicir la fecha exacta del fin del mundo sin tener en cuenta un simple cambio de calendario?

Algunas personas están preocupadas realmente por estas "profecías", pero debemos tener en cuenta que sus escritos eran tan ambiguos como los anteriores párrafos. Así todas sus "predicciones" en realidad son interpretaciones que han hecho otras personas sobre hechos históricos.

3. Eclipse ¿mortal?

  Ciertamente es el último total del milenio, o mejor dicho, del milenio gregoriano (el calendario que usamos en los paises "occidentales"). Los chinos, los árabes o los israelítas poseen otros calendarios muy diferentes. ¿Podemos considerar que se va a acabar el mundo al llegar a una fecha "redonda"? ¿Es que la Tierra fue programada erróneamente con el "defecto 2000"?   Este eclipse ¿tiene algo de especial? Astronómicamente hablando no. Los eclipses de Sol se producen cuando la Luna está entre el Sol y la Tierra. De media, observamos al menos uno o dos eclipses de Sol por año, algunos son parciales, otros totales y otros anulares. Es decir, en ocasiones vemos que la Luna sólo oculta parte del Sol, en otros la ocutal de forma total y en otras el diámetro aparente del Sol es mayor que el de la Luna y no se produce ocultamiento total.

  El eclipse de agosto será total y lo podemos considerar especial porque cruzará la parte central de Europa, desde Inglaterra hasta Turquía. Podemos asegurar, sin miedo a errar en nuestra predicción, que este eclipse será el más observado de toda la historia ¡si la climatología lo permite!

  Podríamos pensar que esa supuesta catástrofe está relacionada con las fuerzas que la Luna y el Sol pueden ejercer de forma conjunta sobre la Tierra. Sin embargo, no va a ser esta la mejor ocasión. La Luna se situará de la Tierra a 370 mil kilómetros de distancia, cuando su distancia mínima llega a ser de 350 mil kilómetros. El Sol tampoco va a estar situado en su distancia mínima a la Tierra, que ocurre durante el invierno. Por tanto, no es este una conjunción Sol-Luna particular en dicho sentido.

  En cualquier caso, los eclipses de Sol son un fenómeno común de la naturaleza, que no por ello menos maravilloso e impresionante. Si estás situado en Europa, sitúate sobre la franja de totalidad (que posee sólo 100 km de ancho). Por ejemplo, la totalidad cruza a algunos kilómetros al norte de París. Además del propio eclipse, una lluvia de estrellas fugaces, las Perséidas (o lágrimas de San Lorenzo), estarán activas así que estate atento. Desde otros lugares del mundo sólo se podrá observar el eclipse de forma parcial.

  Descartamos, entonces, que el eclipse en sí sea "destructor".

4. La Gran Cruz Cósmica.

  Generalmente se asocian las conjunciones planetarias con terribles terremotos y otras catástrofes geológicas en la Tierra. ¡Viva Newton! Es imposible que cualquier conjunción de planetas, por muy alineados que estén produzcan un abultamiento perceptible en nuestro planeta. Sólo el Sol y la Luna producen mareas en la Tierra. El resto de planetas están demasiado alejados o son muy poco masivos para producir ningún efecto en nuestro planeta. Podemos descartar cualquier efecto catastrófico estén los planetas como estén (ya sea en cruz, en línea o en cualquier otra forma geométrica). De hecho, te anticipamos que la conjunción de mayo del 2000 es totalmente inocua.

5. Los destructores celestes: el cometa C/1999 H1 (Lee)

  Un grupo estadounidense, llamado 'Millenium Group' ha hecho correr la voz sobre la potencial peligrosidad del cometa Lee. El descubrimiento de este cometa se anunció en la circular de la Unión Astronómica Internacional número 7144. Por cierto, ningún cuerpo menor (cometa, asteroide, planeta o satélite) está oficialmente reconocido si no aparece en estas circulares, usada por los astrónomos de todo el mundo para notificar novedades observacionales (como explosiones de rayos gamma, etc).

  El autor del hallazgo fue el australiano Steven Lee, quien cazó a su cometa el 16 de abril de 1999 mientras observaba en una fiesta de las estrellas en Nueva Gales del Sur (Australia). Recibe la matrícula de C/1999 H1 por haber sido el primer cometa descubierto durante este la segunda quincena de abril (p.e., el segundo cometa de la primera quincena de enero se denominaría C/1999 A2).

  El cometa ha sido moderadamente brillante -al menos, para lo que entendemos los astrónomos aficionados- y pudo observarse con prismáticos durante el mes de mayo. Igual que cuando conducimos y el sol nos deslumbra, el cometa se ha situado aparentemente cerca del Sol en el cielo y su brillo ha impedido observar al cometa hasta finales de julio. Ni de lejos es tan grande ni tan brillante como los conocidos Hyakutake y Hale-Bopp o Halley. Este es un cometa regular. Lo que significa que ni es grande ni pasará cerca de la Tierra. Cualquier cometa pequeño, muy pequeño, se vuelve brillante, muy brillante, si se sitúa cerca de nuestro planeta.

  Se ha sugerido que el C/1999 H1 (Lee) podría cambiar su órbita de forma drástica e impactar con la Tierra. Esto no es posible. Aunque el material que expulsan 'a chorro' los cometas cambian ligeramente su órbita (las llamadas fuerzas no gravitacionales), estamos hablando nuevamente de valores astronómicos: o extremadamente grandes o extremadamente pequeños. Los astrónomos quieren conocer con mucha exactitud la órbita de los cometas para realizar un seguimiento a muchos cientos o miles de años vista y no les basta con obtener una trayectoria con la que observarlo sin problemas el tiempo que sea visible. Esto quiere decir que si actualmente sabemos que el cometa Lee pasará a más de x centanas de millones de kilómetros de la Tierra y se refina su órbita, hablaremos de unos pocos cientos o pocos miles de kms a lo sumo.

  Pero aún así, si por cualquier causa absolutamente descabellada (como que el núcleo se parte en dos trozos porque colisiona con un asteroide) y el cometa cambiara drásticamente su órbita, podríamos calcular con relativa facilidad su nueva trayectoria sin más que observarlo durante unas horas o días. Los astronómos profesionales realizaron un ejercicio de mecánica celeste computando en grandes ordenadores la trayectoria del cometa Shoemaker-Levy 9 y con un año de antelación conocían el día en que impacatía con Júpiter. Y a un mes vista la precisión era de minutos.

  Bien, es posible que alguna persona muy desconfiada afirme que los llamados "elementos orbitales" (parámetros que definen la órbita del cometa) que nos ofrecen los astrónomos profesionales del cometa Lee son falsos. En este caso, sólo deberá dirigir sus prismáticos a la posición en la que se dice que está el cometa y comprobar que efectivamente sigue ahí por mucho que cacareen ciertos "expertos". Si el cometa fuese a impactar con la Tierra en las próximas dos semanas debería ser ya de un tamaño y brillo aparentes importantes. Pero, al menos desde donde vivo, a simple vista no se observa.

  Por tanto, mejor que descarten al cometa Lee de la lista de potenciales exterminadores de la vida humana en la Tierra.

6. ¿Y qué tal un planeta varias veces más grande que Júpiter?

  Hay otras predicciones que prefieren una colisión interplanetaria. Es el llamado Hercóbulus, o también Ajenjo. ¿Puede algún planeta llegar hasta la órbita de la Tierra sin despertar la alarma astronómica? Es poco probable. Hacia el siglo XVIII se descubrió el planeta Neptuno usando las leyes de Newton de la gravitación universal. Los astrónomos de aquella época calcularon la masa y posición que debía poseer el teórico planeta que perturbaba la trayectoria de Urano. Fue "llegar y besar el santo", como suele decirse: los astrónomos detectaron a Neptuno justo donde se había previsto. Con Plutón el problema fue mucho más grande, porque es un planeta (o asteroide, aún no está del todo claro) muy pequeño, más pequeño incluso que la Luna.

  El Hercóbulus se dice que es un planeta seis veces más grande que Júpiter. Esto no aclara si habla de volumen o diámetro. Si fuese en diámetro, sería de tamaño comparable al Sol, así que de planeta tendría bien poco (y desde luego, un objeto de ese diámetro no puede ser otra cosa que una estrella). Por otro lado, un planeta 6 veces más voluminoso que Júpiter, tendría casi dos veces y media su diámetro. Cualquier planeta de esta envergadura debería ser muy masivo y su presencia 'gravitatoria' (al igual que la de Neptuno) sería patente a muchas unidades astronómicas. Aunque Júpiter es un planeta "frío" en su superficie, alejado del Sol, en realidad emite luz propia debido a que se contrae muy lentamente, pero lo suficiente como para generar energía en forma de luz infrarroja. De hecho, en esta luz infrarroja, Júpiter emite más cantidad de la que recibe del Sol. Por tanto, un planeta de estas características, más masivo que Júpiter y por tanto con mayor emisión en el infrarrojo, debería haberse podido detectar con los satélites en el espacio, pero esto tampoco ha ocurrido.

Pero, siendo también muy rebuscados, ¿podría ser el planeta muy oscuro y rocoso, en lugar de gaseoso? La existencia de este tipo de planetas de gran diámetro pero de tipo terrestre no ha sido probada. Se supone que los grandes planetas sólo son gaseosos. Sin embargo, y pasando al terreno de la ciencia ficción, podríamos imaginarnos a un planeta de tal calibre que no se contrajera y no emitiera en el infrarrojo por sí solo. ¿Podría pasar desapercibido? Por muy negro que fuese, con el tamaño que posee sería muy muy brillante. La superficie lunar es más negra que el asfalto y aún así refleja tal cantidad de luz solar que a esta distancia podemos leer en noches de luna llena. Por ahora sólo conocemos a una clase de objetos celestes lo suficientemente oscuros como para encajar con esas descripciones: los agujeros negros. Pero los agujeros negros por lo general son incluso más masivos que el Sol, así que hubiésemos detectado su presencia hace algunos cientos de años.

  Todos los objetos celestes obedecen a las leyes de la gravitación universal de Isaac Newton o a su complementación de la Relatividad General de Einstein. Los planetas, o cualquier otro objeto, no aparecen de la nada, y tampoco viajan a velocidades cercanas a la de la luz. No es posible que un hipotético planeta que estuviera situado hace 6.000 años en la cercana estrella Vega, mañana aparezca junto a la Tierra por arte de magia. Nos separan de Vega unos 26 años luz, lo que quiere decir que la luz tarda nada menos que 26 años en llegar desde esa estrella al Sistema Solar. A una velocidad de crucero de unos ¡1000 km/s! (y no imagino cómo acelerar todo un planeta a esa velocidad, ya que la Tierra se mueve a 30 km/s alrededor del Sol), un planeta tardaría en llegar a nuestro planeta cerca de 7800 años y se alejaría del Sistema Solar a la misma velocidad (pero no volvería jamás a Vega, de hecho, sería extremadamente difícil que fuese capturado por ninguna estrella). El problema de planetas que orbitan a la vez al Sistema Solar y a otros sistemas solares (se habla incluso de las Pléyades, situadas a 1.500 años luz) es el siguiente: si lanzamos una pelota de fútbol, luego de tratar de meter un gol jamás retorna cual boomerang.

  Y no es que lo digan los expertos. Todos estos cálculos se hacen con lápiz y papel e incluso cualquier persona puede usar un programa simulador de órbitas para ver qué es lo que ocurre. Desde luego, las cosas grandes se ven "a varias leguas" y observando a simple vista no se observa nada (ni con prismáticos ni con telescopios).

7. La Mir y la Cassini.

  La Estación Espacial Mir por el momento tiene asegurada su permanencia en el espacio durante este año, mientras duren los fondos asignados por el gobierno ruso y se encuentre algún inversor privado para seguir manteniéndola a flote.

  Sobre la sonda Cassini la NASA es bien explícita:

"La misión Cassini y la nave han sido diseñadas para que exista menos de una posibilidad en un millón de un reingreso atmosférico accidental durante un paso cercano a la Tierra. El laboratorio de Propulsión a Chorro ha conducido un extenso análisis para evaluar la probabilidad de un accidente de reingreso atmosférico y para determinar estrategias de diseño y medidas que previnieran en la mejor forma la posibilidad de este suceso. Las acciones tomadas incluyeron el agregar blindaje adicional a la nave en contra de micrometeoroides y elevar la altura mínima para el acercamiento a la Tierra de 500 a 800 kilómetros. Debido a la fecha de lanzamiento modificada la altura real para el acercamiento será de 1160 kilómetros.

La trayectoria de la nave Cassini está diseñada específicamente para evitar a la atmósfera Terrestre. La trayectoria está sesgada a más de 5000 kilómetros de la altura del acercamiento para todos menos los 7 dias anteriores al paso cercano. La posibilidad de un reingreso atmosférico es concebible solo si ocurre una serie de fallas y eventos altamente improbables. La vasta mayoría de fallas potenciales de la nave no alteran a la trayectoria de la nave. Para iniciar una trayectoria de impacto una falla tendría que causar un cambio en la velocidad de la nave de magnitud y dirección muy precisas. Por esta razón es altamente improbable que un encendido no programado de los motores de Cassini, causaran un reingreso atmosférico terrestre. Otro dato importante que conviene tener en mente es que serían necesarias una serie de maniobras ejecutadas de manera muy exacta y correcta para llevar a la nave a varios miles de kilómetros de la Tierra. Una maniobra a siete dias antes del acercamiento asegurará que la nave pase por el punto deseado para lograr el apoyo gravitatorio deseado."

  En todo caso, el contenido de material radiactivo de la sonda está perfectamente manipulado para que en caso de impacto no puedan producir daños. Una de las sondas a Marte debido a un mal posicionamiento en órbita cayó al Océano Pacífico en 1996 sin mayores consecuencias para el medio ambiente. Desde luego, no se produjo ninguna explosión nuclear, ya que las baterías no son bombas nucleares. Podemos imaginar que, en el improbable caso de que la Cassini reentrara en la atmósfera, es mucho más probable que callese en el agua que en Tierra. Y aún cayendo en Tierra, los desperfectos que pudiera llegar a causar serían locales y muy lejos de una hecatombe global, tal y como se anuncia.

8. Cintures de fotones...

  Los fotones son partículas que no poseen masa. Su trayectoria rectilínea sólo es perturbada cuando se encuentra con la materia: "choca" con un átomo, se refleja o se refracta o... cuando se encuentra con un campo espacio-temporal deformado. Esto ocurre en lugares cercanos a cuerpos muy masivos, como el Sol. Es famosa la expedición a un eclipse de Sol que confirmó la teoría de la relatividad de Einstein que predecía que la luz de las estrellas en las cercanías del Sol se verían ligeramente desviadas, y así ocurrió. Sin embargo, para tener un cinturón de fotones, la única forma hasta ahora conocida es que se las trague un agujero negro. En su interior los fotones sí que podrían ponerse a orbitar, pero ¿quién sabe lo que hay dentro de un agujero negro? Desde luego, estos cinturones no existen de forma "natural". Podríamos hablar de cinturones de asteroides o de cinturones de cometas, pero no de fotones y mucho menos a escala galáctica.

9. ¿El acabose?

  Este es el acabose, pero de estas explicaciones. No hay por qué temer al próximo eclipse, es sólo un fenómeno natural. Tampoco hay que temer tanto a los objetos celestes como a la propia naturaleza humana. Somos sujetos que tememos a lo desconocido por lo general, pero si vencemos esa temeridad, se nos abre un universo repleto de maravillas, unas violentas y otras no.

  No estamos a salvo del espacio exterior, ni mucho menos, pero debemos confiar en que los esfuerzos que realizan los astrónomos profesionales, y aficionados, pueden ayudarnos en el futuro a identificar potenciales objetos peligrosos. De hecho, en los últimos meses hemos tenido varios anuncios de asteroides que podrían colisionar con la Tierra. Con las debidas investigaciones, se ha descartado su peligrosidad. Pero aún nos quedan varios miles por descubrir y catalogar.

  Quizás la duda que puede atacar ahora al lector sea ¿por qué entonces tanta gente diferente, de tantos países distintos, afirman que se avecina una catástrofe? Algunas personas se mueven por una fe ciega, otras desgraciadamente no poseen conocimientos suficientes como para discernir entre la ficción y la ciencia, entre lo posible y lo imaginario.

  Lo más desgraciado de todo es que estas personas prestan más atención a la interpretación de las profecías que a intentar comprender lo que afirman. ¿Que un planeta tres veces más grande que Júpiter es imposible que atraviese el Sistema Solar sin ser descubierto? Da igual. Nostradamus tiene que tener razón... ¿No hemos aprendido la lección? Las únicas predicciones que han hecho avanzar este mundo son las que por medio de las leyes físicas han creado la televisión, los aviones, los automóviles, la medicina.

  Lector, mira hacia el cielo y contempla sus maravillas, pero no lo temas.

Víctor R. Ruiz es director de la revista Astronomía Digital y socio de ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico.