Evidencias de estrellas caníbales.

Astronómos del Instituto Científico del Telescopio Espacial han encontrado evidencias de canibalismo planetario. Mario Livio y Lionel Siess han observado que algunas estrellas que emiten luz infrarroja en exceso, rotan más rápidamente de lo normal y están contaminadas de litio. Ello indicaría que se han tragado a uno o varios planetas similares a Júpiter.
En las estrellas de tipo solar, cuando llegan a la etapa final de sus vidas, se expanden ocupando varias unidades astronómicas de diámetro (1 UA = distancia Tierra-Sol). La estrella convertida en gigante roja, engulluría a los planetas que estuvieran orbitando en las proximidades. Esto desencadenaría ciertos efectos observables en en sol. En primer lugar, según los cálculos realizados por Livio, la energía gravitacional del planeta absorvida por la estrella aumenta el brillo y diámetro. Esto incrementa las capas de polvo en expansión, radiando cantidades excesivas de luz infrarroja.

Además, el planeta devorado transfiere momento angular a la estrella. El momento angular es una medida que tiene en cuenta la energía contenida en la velocidad y masa de un objeto. El ejemplo que suele servir a los libros de texto es el del patinador. Cuando girando sobre sí mismo, el patinador mantiene sus brazos extendidos rota de forma más lenta, pero cuando los recoge sobre su cuerpo, gira a mayor velocidad. Este efecto se denomina "conservación del momento angular". En el Sistema Solar, el 98% del momento angular están en Júpiter y Saturno. Al tragarse la estrella adquiere la energía del momento angular contenido en el planeta, de forma que su rotación se incrementa.

Finalmente, aparece el litio (Li). Este elemento simple de la tabla periódica se destruye a temperaturas de unos pocos millones de grados en los estadios preliminares de cualquier estrella. Los astrofísicos se ayudan de este fenómeno para localizar a las enanas marrones, esos planetas gigantescos que en realidad son estrellas abortadas que no pudieron fusionar elementos en su interior.

Mario Livio y Lionel Siess opinan que en nuestro Sistema Solar no se darán las condiciones necesarias para que el Sol engulla, dentro de 4500 millones de años a Júpiter o Saturno aunque sí a Mercurio, Venus y quizás, la Tierra... ¡Sálvese quien pueda!