Un púlsar vago pone en evidencia las actuales teorías.

  5 sep 1999. Un estudiante de astrofísica australiano, usando datos de la Organización de Investigación Científica e Industrial de la Commonwealth (CSIRO), ha encontrado un objeto celeste que se supone que no debería existir, al menos según las teorías actuales sobre los cuerpos conocidos como púlsares. Este descubrimiento ha sido publicado recientemente en la revista Nature.

  Matthew Young, de la Universidad de Australia Oriental, estudia púlsares. Los púlsares son pequeñas estrellas muertas que debido a su gravedad han fusionado los electrones y protones para formar una bola de neutrones. Al girar de forma rápida, generan un gran campo magnético por cuyos polos se emite luz. Desde la Tierra, se observan estos cuerpos como si fueran faros interestelares. Calculando cuanto tardamos en ver dos rayos, podemos conocer la velocidad de rotación del púlsar (palabra que proviene de pulsating star).
  El nuevo púlsar, llamado PSR J2144-3933 gira una vez cada ocho segundos. Según explica Matthew Young "se supone que esto es demasiado lento". Cuanto más viejo es un púlsar, su velocidad de rotación se frena, por lo que el objeto tendría 280 millones de años. Pero al rotar a esa frecuencia, hay un problema. "La teoría dice que los púlsares que giran unas pocas veces cada segundo no poseen la suficiente energía para mostrar pulsos; su corazón se para y mueren", afirma Young.
  Dick Manchester, responsable de muchos proyectos de catálogación de púlsares del CSIRO, opina que "durante 30 años hemos pensado que los rayos de los púlsares están generados por procesos exóticos de materia y antimateria". ¿Qué ocurre entonces? Al doctor Manchester sólo le quedan dos posibilidades, "quizás los procesos de matería y antimateria están ocurriendo, pero a velocidades de rotación mucho más lentos de lo que habíamos pensado. O quizás los pulsos están generados por algún otro proceso". En cualquier caso, afirma Manchester, la teoría sobre púlsares tiene que ser revisada.
  Los responsables de este descubrimiento creen que deben existir muchos púlsares como este, pero debido a que deben encontrarse cerca de nosotros para detectarlos, no habían sido observados hasta el momento. PSR J2144-3933 está a 600 años luz del Sistema Solar. Si los cálculos del equipo son correctas, deberían haber 100 mil en toda nuestra galaxia, tantos como el resto de púlsares normales.