Si la sonda trató de posarse en este cañón, hay pocas probabilidades de que sobreviviera al descenso. «Si aterrizó sobre una loma de más de 10 grados de pendiente, seguramente perdió la estabilidad. Tenía sólo tres patas».
Sin embargo, la posición oficial del grupo de investigadores, que inclyen responsables de la NASA y de la constructora de la sonda, es que esta es sólo una hipótesis más de trabajo, pero no se descarta ninguna posibilidad. Por otra parte, esta teoría no explica la desaparición de las otras dos sondas, las Deep Space 2 (Amundsen y Scott), que debieron separarse de la Polar Lander antes de entrar en la atmósfera.
Los esfuerzos por entrar en contacto con la sonda continúan, aunque nadie alberga ya muchas esperanzas de éxito. Las antenas terrestres dejarán de llamar a la MPL a mediados de este mes.
