Mira, la estrella cometa

Una joya en la Espada: La Nebulosa de Orión

El Observatorio Austral Europeo ha obtenido imágenes sin precedentes de la Nebulosa de Orión, mediante el telescopio VLT. Una imagen que a parte de hermosa, ya ha dado frutos científicos.

A simple vista

La Nebulosa de Orión es una nube gigantesca donde actualmente están naciendo estrellas, a partir de la condensación de los gases. Este objeto es muy popular entre los astrónomos aficionados y los amantes de la astronomía.

La constelación de Orión es visible desde el Hemisferio Norte desde primeras horas de la noche mirando hacia el Este. Se puede ver incluso desde ciudades con polución luminosa. Orión es representado por muchas culturas, incluida la grecorromana -de la que heredamos su nombre actual-, como un cazador. Las tres estrellas en línea que se ven en la constelación recibe el sobrenombre del Cinturón, y debajo de éste se observan otras tres estrellas llamadas la Espada.

Charles Messier, un astrónomo francés que se ganaba la vida buscando cometas, catalogó a la estrella central de la Espada con el número 42 en su lista de objetos nebulosos (aquellos que podrían confundirlo a la hora de buscar cometas). Efectivamente, esa estrella que se ve a simple vista es en realidad una nebulosa. A través de cualquier telescopio modesto, M42 impresiona.

Orión, un materno infantil estelar

La nebulosa de Orión pertenece en realidad a una región aún mucho mayor, que se puede observar cuando se realizan fotografías de la constelación de Orión con técnicas especiales.

La Gran Nebulosa de Orión (M42) es aparentemente tan grande como el diámetro de la luna llena. Y en realidad, se sitúa a unos 1500 años luz de la Tierra, por lo que podemos deducir que sin duda alguna ¡debe ser enorme! (tiene algunas decenas de años luz de extensión).

La nebulosa está compuesta en su mayor parte por hidrógeno y helio, al igual que todo el Universo. M42 es visible gracias a la luz que refleja de las nuevas estrellas que han nacido en su interior. En los últimos diez millones de años se han formado en la Gran Nebulosa de Orión decenas de miles de estrellas. Si el Sol, una estrella madura, tuviese 40 años, estas estrellas apenas tienen un mes.

Para estudiar la Nebulosa de Orión, los astrónomos del Observatorio Austral Europeo (ESO) han usado el Gran Telescopio (VLT) situado en Cerro Paranal (Chile) para observar con un detalle sin precedentes esta región.

Los secretos del Trapecio

En la zona más brillante de la Nebulosa hay cuatro estrellas brillantes que se conocen como el Trapecio (si se tiene un buen telescopio, se pueden llegar a contar seis estrellas en dicho trapecio). Sin embargo, cuando observamos con infarrojos se descubre la verdadera naturaleza de M42.

La temperatura media de la nebulosa es relativamente fría. Los astrónomos aprendieron durante el siglo XX que los objetos también son observables en el resto de rangos de la luz, ya sea en radio, infrarrojos o ultravioleta y rayos X. En radio e infrarrojos se observan mucho mejor los objetos fríos, al emitir la mayor parte de su energía en esta luces más débiles. (Al contrario, los objetos más calientes emiten luz en el rango de los rayos X, y los más enigmáticos y poderosos, incluso en rayos gamma).

Usando el instrumento ISAAC acoplado a uno de los telescopios del VLT, los astrofísicos han obtenido el imágenes del Cúmulo del Trapecio, en donde se pueden ver alrededor de mil estrellas jóvenes en un espacio similar al que existe entre el Sol y sus estrellas más próximas. En las fotografías se pueden ver explosiones, los vientos de las estrellas masivas y chorros de gas en las estrellas pequeñas.

Un jarro de agua fría a los planetas flotantes

A marzo del año 2000, informamos del estudio realizado por los ingleses Philip Lucas (Universidad de Hertfordshire) y Patrick Roche (Universidad de Oxford), en el que afirmaban haber encontrado objetos flotantes, entre 5 y 15 veces la masa de Júpiter, en la Nebulosa de Orión. Los llamaron planetas flotantes. Este descubrimiento no fue confirmado, pero en octubre, María Rosa Zapatero (Instituto de Astrofísica de Canarias) y un equipo de colaboradores sí confirmaron el descubrimiento de este tipo de objetos en la región situada sigma Orión (una de las estrellas del Cinturón.

Pero a raiz de las imágenes obtenidas por el VLT, uno de los investigadores se ha mostrado muy escéptico sobre los anteriores estudios. Mark McCaughrean opina que «llamar a estos objetos planetas desde luego suena excitante, pero esa es una interpretación basada en un número de suposiciones. Personalmente, me parece igualmente posible que estos objetos sean más viejos y con mayor masa, del tipo enanas marrones, perteneciendo a una generación anterior de formación estelar en Orión, que ahora se encuentran cerca del Cúmulo del Trapecio más joven». Según McCaughrean, aún confirmando que algunos de estos objetos sean de poca masa «muchos astrónomos estarían en desacuerdo si los llamaran planetas, dado que la idea general sobre un planeta es que orbita alrededor de una estrella».

Este astrónomo, perteneciente a Instituto de Astrofísica de Postdam (Alemania), entiende que si estos objetos de baja masa se forman igual que las estrellas y las enanas marrones -a partir de la condensación de una nube de gas-, «es mejor que pensemos en denominarlos enanas marrones de baja masa».

Sus argumentos se basan en el estudio de las imágenes del VLT, en el que muchos de los objetos detectados por el equipo inglés (algunos al límite del instrumental) han resultado ser intrínsecamente más brillantes (y por tanto, más masivos) de lo que se esperaba y en algún que otro caso, incluso, esos objetos eran inexistentes.

Sin embargo, se entiende por enana marrón aquel objeto que llega a fusionar el deuterio (también llamado hidrógeno pesado, ya que posee un núcleo compuesto por un neutrón más un protón). El límite inferior para esta detonación del deuterio está en unas 13 masas de Júpiter. Por tanto, si tampoco son «enanas marrones de baja masa» ¿qué nombre deben recibir?

«Yo he visto cosas que vosotros no creeríais»

«...Atacar naves más allá [del hombro] de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tanhauser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir». Estas fueron las últimas palabras de Roy Batti en Blade Runner. Es poco probable que, a diferencia del replicante, los humanos vayamos a llegar en un futuro cercano a la Nebulosa de Orión, y comprobar esas maravillas de las que habla en vivo. Por lo pronto, sabemos que es un lugar donde existen discos protoplanetarios, y quizás dentro de unos cientos de millones de años, en uno de los planetas que orbita a una de esas estrellas, aparezca un ser vivo, al igual que en la Tierra.

Mientras tanto, los astrofísicos seguirán utilizando los telescopios para transportarnos imaginariamente a la vecindad solar o a los confines del Universo. Hoy, gracias a la astronomía, sabemos que la Tierra no es un lugar seguro. Tarde o temprano, deberemos salir de nuestra concha planetaria para evitar que todo nuestro acervo cultural se pierda en el tiempo «como lágrimas en la lluvia».

Es hora de continuar.