Estela del bólido de Cheliábinsk

El evento de Cheliábinsk

El 15 de febrero de 2013 pasará a los anales de astronomía por la coincidencia de dos acontecimientos independientes pero notables: El paso cercano del asteroide 2012 DA14 y el avistamiento de una gran bola de fuego en los Urales en Rusia. Cualquiera de los dos sucesos serían portada de los medios. Pero su coincidencia en el tiempo convierte la fecha en astronómicamente insólita y extraordinaria.

Los astrónomos tenían marcada la fecha del 15 de febrero de 2013 en sus calendarios desde que un año antes se descubriera el asteroide 2012 DA14. El acercamiento récord de un asteroide de 50 metros de diámetro era, sin duda, uno de los acontecimientos astronómicos del año. Pero el día amaneció con una noticia totalmente inesperada. A las 9:20:26 de la mañana (03:20:26 Tiempo Universal) un objeto cruzó los cielos de Cheliábinsk en los Urales Rusos. El fenómeno duró apenas 30.5 silenciosos segundos. Pero incluso los chelianbinskecos que no miraban el cielo, percibieron que algo inusitado estaba ocurriendo. Todo su entorno se vio inundado de una luminosidad creciente que llegó a tener un brillo deslumbrante, mayor que si estuviera iluminado por el Sol del mediodía en verano. Aún más, los que estaban en el interior de los edificios, observaron que sus estancias se inundaban con la potente luz que penetraba a través de las ventanas cual fenómeno poltergeist. La mirada se dirigió al cielo y pudieron ver la colosal estela de más de 300 km de largo, iluminada por el Sol naciente.

Parecía que todo había acabado, era momento de grabar con los móviles y cámaras el nuevo y espectacular cielo, y de comentar lo asombroso del fenómeno. Pero otra sorpresa más faltaba por llegar, y esta vez no fue tan inofensiva. La onda expansiva producida por la explosión viajaba a unos 300 metros por segundo, por lo que tardó unos dos minutos y medio en llegar al suelo. El estampido asustó y sorprendió a los incrédulos observadores. Los vehículos fueron zarandeados y activaron sus alarmas. Los cristales de miles de ventanas volaron en pedazos e hirieron a cientos de personas. Techos ligeros y paredes ligeras fueron derribados.

Al comienzo, como siempre, las noticias fueron confusas. Pero pasadas 48 horas del portentoso fenómeno ya se puede hacer una valoración preliminar de este bólido.

Daños personales y económicos

Por suerte, al menos esta vez, no se ha registrado ningún muerto. Los medios se hacen eco de un millar de heridos, de los cuales más de un centenar han sido hospitalizados. Hay 2 o 3 heridos graves y otros 20 de mediana gravedad. No hay evidencia de que ninguno de los afectados haya sido herido directamente por algún fragmento de meteorito. Los heridos lo fueron indirectamente por la onda explosiva: cristales rotos o fragmentos de materiales de construcción.

Los desperfectos han sido numerosos en una amplia zona, pero de muy baja importancia. Se calcula que unos 100 000 propietarios de viviendas se han visto afectados. Y los daños se han valorado en unos 25 millones de euros. Sin duda una cantidad importante, pero muy lejos de la devastación producida por otras catástrofes naturales como terremotos, maremotos, huracanes, etc.

La bola de fuego que llegó del cielo

Bólido de Cheliabinsk visto por el MeteosatSegún la Agencia Espacial de la Federación Rusa, el objeto entró en la atmósfera a las 03:25 TU, a una velocidad de unos 15 km/s (54 000 km/h) y con un ángulo bajo (de 20 grados o menos). A esta velocidad se recorre la distancia de Madrid a Barcelona en 40 segundos. La NASA calcula que el tamaño del objeto original era de 17 metros de diámetro, con un masa comprendida entre las 7 000 y 10 000 toneladas.

Desde que el bólido comenzó a incendiarse hasta la explosión y extinción final transcurrieron unos 30 segundos. La explosión se produjo a 30 km de altura. El resplandor de la explosión duró unos cinco segundos y llegó a ser tan brillante que superó el brillo del Sol. Se calcula que la energía liberada por esta explosión, medida por varios detectores sísmicos, es de 500 kilotones de TNT, 30 veces la bomba atómica lanzada sobre Hiroshima.

La entrada del bólido produjo una estela de vapor, ampliamente fotografiada desde Tierra, pero también desde órbita. El satélite Meteosat-10 obtuvo fotografias donde se distingue claramente la trayectoria del bólido sobre el óblast de Cheliábinsk, que se movía de este a oeste. La estela medía más de 300 kilómetros.

En busca del meteorito perdido

Los cazadores de meteoritos ya se han puesto a trabajar para recuperar cualquier fragmento del asteroide, que en el mercado pueden alcanzar cifras astronómicas. A pesar de las primeras noticias, todavía no hay confirmación de que se haya recuperado ningún fragmento. Se han reportado tres cráteres relacionados con el bólido, el más conocido, el de la superficie helada en el lago Cherbakul. Al inspeccionar el fondo no se ha podido recuperar ningún material.

Aunque todavía no se puede afirmar con total rotundidad, no hay evidencias de que fuera un siderito (compuesto de metal, principalmente hierro y níquel). Incluso, siendo algo más especulativo, tampoco parece que fuera una condrita (formado por piedras, silicatos, etc.). En estos casos, aunque buena parte del cuerpo celeste se hubiese quemado en la entrada, al menos un porcentaje pequeño debería haberse salvado de la quema y haber llegado al suelo. Los videos y fotos mostrando los fragmentos deberían estar circulando por Internet y los medios de comunicación, así como las ofertas de venta al peso de los trozos encontrados.

Por tanto, y siguiendo con la línea especulativa, el cuerpo original debía ser menos denso que el metal. De ser así, quizás el bólido fuera un pequeño cometa, formado principalmente por hielo, que apenas dejaría restos sólidos.

Pillados por sorpresa

¿Cómo es que no se detectó la existencia del objeto con antelación, desde los observatorios astronómicos? En primer lugar, se trata de un objeto relativamente pequeño, de tan sólo 17 metros de diámetro. Desde Tierra, sólo es posible descubrir estos objetos cuando se encuentran muy cerca de nuestro planeta. Pero ésta es sólo parte de la respuesta. La otra clave está en los numerosos vídeos: el bólido apareció por el este, cerca del sol. Los telescopios no pueden detectar asteroides y cometas situados cerca del fulgor solar, pues el brillo del cielo impide su detección.

Para solventar estos problemas hay propuestas para situar telescopios espaciales en la órbita de Venus.

¿Está relacionado con el paso del asteroide 2012 DA14?

Órbitas comparas del bólido de Cheliabinsk y el asteroide 2012 DA14La coincidencia de fechas del bólido de Cheliábinsk y el paso cercano del 2012 DA14 es demasiado grande para dejarlas pasar por alto. En las primeras horas, varios expertos no descartaron la relación entre ambos asteroides. La distancia entre uno y otro objeto era de medio millón de kilómetros. Es una distancia importante, pero hay asteroides que comparten órbitas similares: después de sufrir un impacto, se dividen en trozos más pequeños. Pero la clave está, una vez más, en los vídeos. En ellos se ve que la trayectoria del bólido de era de este a oeste. La órbita del 2012 DA14, en cambio, cruzaba el cielo de sur a norte. Por tanto, las órbitas de ambos cuerpos eran casi perpendiculares.

La NASA ha realizado un cálculo inicial de la órbita del bólido de Cheliábinsk. Aparentemente, provendría del Cinturón de Asteroides.

Un acontecimiento histórico

El de Cheliábinsk es el evento más importante desde que el 30 de junio de 1908 un cometa explotara en los cielos de Tunguska, en Siberia, devastando y derribando todos los árboles de una superficie equivalente a la isla de Gran Canaria. Se calcula que la energía liberada fue de entre 5 y 30 megatones, mucho mayor que la del evento de Cheliábinsk. Otras explosiones similares registradas en tiempos recientes son el evento de Sijoté-Alín (URSS, 12 feb 1947), que liberó 10 kilotones de TNT. Y más recientemente, el bólido sobre la costa de Indonisa el 8 de octubre de 2009, que liberó 50 kilotones.

Hasta el momento, la única persona conocida herida por impacto de meteorito era Ann Hodges. El 30 de noviembre de 1954 un meteorito metálico cayó en Sylacuga, Alabama (EEUU). Uno de los fragmentos del meteorito colisionó contra el techo de su casa, lo atravesó y terminó golpeando por rebote a Hodges, que se encontraba descansando en un sofá. Sufrió lesiones en un lateral, y le dejó secuelas psicológicas. Sin duda, el bólido de Cheliábinsk no tiene comparación alguna en la historia reciente: la onda expansiva ha causado más de mil hospitalizados.

Se estima que un evento como el de Cheliábinsk puede ocurrir una vez cada siglo.

La vigilancia espacial vuelve a las portadas

La combinación de los eventos, el bólido de Cheliábinsk y el paso del asteroide 2012 DA14, ha producido una reacción en cadena de declaraciones a nivel político. El primer ministro ruso, Dmitri Medvedev, afirmó que «todo el planeta es vunerable a los meteoros», y subrayó la importancia de protegerlo en el futuro de similares eventos. El viceministro ruso, Dmitri Rogozin, también afirmó que Rusia y otros países deben desarrollar un sistema de protección del planeta.

En el mismo sentido se ha pronunciado el presidente del Comité de Ciencia y Tecnología del Congreso estadounidense. Lamar Smith, representante del Partido Republicano, declaró: «Los eventos de hoy nos recuerdan la necesidad de invertir en ciencias del espacio. [...] El desarrollo tecnológico y la investigación que nos permita detectar objetos como el asteroide 2012 DA14 es crítico para nuestro futuro. Debemos continuar invirtiendo en sistemas que identifiquen los asteroides peligrosos y desarrollar planes de contingencia para, si fuera necesario, cambiar la trayectoria de un asteroide que se dirija hacia la Tierra».

Hasta hace pocas décadas, la percepción del riesgo que los asteroides suponen para la Tierra era bastante baja. Hubo que esperar al impacto del cometa Shoemaker-Levy 9 contra Júpiter, en junio de 1994. A partir de ese momento, la NASA y otras agencias espaciales, comenzaron a invertir en programas de detección y seguimiento de asteroides. El objetivo de catalogar los asteroides cercanos a la Tierra que pueden producir eventos cataclísmicos, aquellos con más de 1 km de diámetro, está prácticamente cumplido. Sin embargo, aún queda mucho trabajo por hacer con las pequeñas rocas de decenas de metros como la de Cheliábinsk, que como se ha visto son capaces de producir daños a nivel regional.

A tenor de estas declaraciones, es de esperar que en los próximos meses y años se incrementen los programas de vigilancia espacial. Por desgracia, la situación en España a corto plazo, no augura buenas noticias. .

Referencias

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