Mira, la estrella cometa

Científicos españoles afirman haber descubierto signos de vida en el meteorito de Marte

En una nota de prensa enviada hoy por la NASA, un equipo de científicos estadounidenses, alemanes y españoles informan haber descubierto pruebas irrefutables sobre la existencia de vida en Marte.

Las brújulas orgánicas marcianas

En 1996, David McKay y otros científicos estadounidenses, en una solemne rueda de prensa celebrada en la Casa Blanca y con Bill Clinton como maestro de ceremonias, anunciaron el descubrimiento de fósiles de bacterias en un meteorito marciano, el denominado ALH84001. Sin embargo, desde entonces la controversia científica no ha cesado, puesto que hay muchos investigadores que piensan que tales fósiles son muy pequeños para ser de bacterias y que podrían haber sido originados por procesos naturales.

Con este panorama, en diciembre del pasado año, Carmen Ascaso y Jacek Wierzchos anunciaron en una conferencia celebrada en el Planetario de Madrid, el descubrimiento de pruebas de la existencia de vida en el pasado de Marte. Para ello, Ascaso (Servicio de Microscopia de Ciencias Medioambientales-CSIC) y Wierzchos (Universidad de Lleida) investigaron el ALH84001 mediante un sistema microscópico diferente al usado por hasta ese momento los estadounidenses que les permitía analizar el interior del meteorito sin destruirlo. Ascaso explicó que lo que habían descubierto eran «pequeños cristales de magnetita, pero no aislados, sino en forma de cadenas. Esto en la naturaleza sólo lo producen los excrementos de unos seres vivos llamados bacterias magnetotácticas».

La magnetita está formada por óxido de hierro (Fe3O4) y se producen inorgánicamente en la Tierra. Pero los cristales de magnetita fabricados por las bacterias magnetotácticas son diferentes: son químicamente puras, libre de defectos y su tamaño y forma son características. Las bacterias magnetotácticas agrupan los cristales de magnetita en cadenas dentro de sus células. De esta forma, los cristales se convierten en una brújula muy eficiente, que es esencial para ayudar a la bacteria a localizar fuentes de comida y energía.

Los investigadores creen que hace más de 4000 millones de años existieron bacterias de tipo magnetitácticas en Marte, y que serían las responsables de las estas estructuras en cadena. Aunque hoy en día Marte tiene un campo magnético apenas perceptible (y por tanto, de difícil uso para las brújulas), en 1998 científicos estadounidenses hallaron indicios de que éste fue mucho más potente en el pasado del Planeta Rojo.

Carmen Ascaso concluía que «a la luz de los resultados que tenemos, podemos afirmar que hay indicios, aunque no evidencias, de actividad biológica en el fragmento de roca marciana. Hemos observado también estas cadenas de magnetitas en muestras geológicas del Atolón de Mururoa. La existencia de estas cadenas me hace pensar que hubo microorganismos en Marte».

Los resultados de esta nueva investigación, completadas con las aportaciones de Michael Winkelhofer (Universidad de Munich) e Imre Friedmann (Centro de Investigación Ames-NASA), han sido publicadas en la revista "Proceedings" de la Academia Nacional de Ciencias de EEUU. Sin embargo, las declaraciones realizadas por Friendmann son bastante más contundentes que las del equipo español: «Hasta ahora, el estudio de la vida ha sido como tratar de dibujar una curva usando un solo punto: la vida en la Tierra. Ahora tenemos dos puntos tenemos dos puntos para dibujar la curva de la vida».

En el mismo número de "Proceedings", el equipo de Kathie Thomas-Keprta (Centro Espacial Jonhson-NASA) publica otro trabajo en el que comparan los cristales de magnetita del meteorito (no las cadenas) con los generados por bacterias "modernas" terrestres. Entre los integrantes de este grupo se encuentra David McKay, autor original de la hipótesis de los fósiles bacterianos en ALH84001. Los dos grupos de científicos (el de Ascaso y Keptra) han estudiado, y eliminado, la posibilidad de que el meteorito esté contaminado por material orgánico terrestre. Kathie Thomas cree que estas huellas son «la evidencia de vida más antigua encontrada hasta el momento», incluso más antigua que los fósiles de vida en la Tierra. Sin embargo, y pese a los titulares, nos todos los científicos están de acuerdo con tanto optimismo.

Ralph P. Harvey, un geólogo que también ha estudiado el meteorito no cree que «este informe pueda ser considerado como prueba». Según Harvey, el estudio se basa en la premisa de que la magnetita tienen un origen bacteriológico, porque no se conocen procesos inorgánicos que los produzcan. Harvey opina que primero han de descartarse mediante experimentos si realmente es imposible que se puedan crear de forma natural.

ALH84001: ¿El Gran Marciano?

El meteorito ALH84001 fue encontrado en 1984 en la Antártida, en una expedición de la Fundación Nacional para la Ciencia de EEUU dedicada a recolectar rocas espaciales. El desierto helado de la Antártida es una zona ideal para recoger meteoritos porque todo lo que cae en la nieve sólo puede venir del cielo. Este pedruzco fue hallado en las colinas Alan Hills, de ahí su "matrícula": ALH (por Alan Hills) 84 (año) 001 (número de serie).

Durante muchos años, el ALH84001 estuvo resguardado en un estante como un objeto poco interesante, clasificado como roca Lunar. Tiempo después, un investigador comenzó a analizar la composición del meteorito y se dio cuenta de que en realidad provenía de Marte.

Pero ¿cómo pueden estar seguros los científicos que este meteorito viene de Marte y no de otro lugar?

Primeramente, por la superficie negruzca y acristalada de la roca, como todos los meteoritos, se fundió en la reentrada a la atmósfera de la Tierra. De ahí se deduce que es realmente un meteorito y no una roca terrestre.

A continuación, al analizar el meteorito, se descubre que los cristales del interior, verde-grisáceos, están orientados en diferentes direcciones, una evidencia de que los minerales fueron sometidos a un choque violento. (Esto es lo que se esperaría si un asteroide asteroide impactara contra Marte y enviara los trozos al espacio, en los que algún tiempo después, llegaría a la Tierra por casualidad).

Además, en los gases atrapados en el meteorito se observa una proporción de deuterio/hidrógeno que concuerda con el de la atmósfera de Marte. Dado que la gravedad superficial de Marte es sólo el 38% de la Tierra, la atmósfera marciana tiende a perder el hidrógeno más rápido que el deuterio. El meteorito también contiene argón, criptón, neón y xenón en proporciones consistentes con las de la atmósfera marciana según los datos enviados por las sondas Viking.

Según explican científicos de la NASA «existen otros 11 meteoritos, llamados los SNCs, de los que se tiene también casi absoluta certeza que son de Marte». La atmósfera marciana «es muy diferente a la de la Tierra, la de Venus y de cualquier otra fuente de gas que hasta ahora hemos encontrado».

La hipótesis más plausible es que el impacto de un meteorito hace 3900 millones de años lanzó al espacio interplanetario al ALH84001. Durante eones, orbitó alrededor del Sol, hasta que hace 13 mil años cayó en la frías nieves de la Antártida.