Mira, la estrella cometa

Extienden la vida de la Galileo

La NASA acaba de darle un nuevo soplo de vida a la nave Galileo. En los detalles de esta extensión de la misión se prevé un final apoteósico para la nave orbital. Esta ampliación se suma a las dos que ya ha recibido esta rentable misión a lo largo de su historia.

Un comienzo tumultuoso

La misión Galileo no ha estado libre de dificultades. Ya antes de que estuviera en el espacio surgió el primer problema. Los ingenieros tuvieron que idear otra forma de llevarla hasta Júpiter, porque el cohete que le iba a dar impulso para su viaje -el cohete Centauro- fue prohibido. Se les ocurrió aprovechar la energía potencial gravitatoria en vez de la energía química, y diseñaron un recorrido marcado por tres asistencias gravitatorias, una con Venus y dos con la Tierra.

La Galileo despegó en octubre de 1989 abordo del transbordador Atlantis. Su nuevo recorrido alargó el tiempo que tardaría en llegar al sistema joviano, pero también aumentó el valor científico de la misión, pues a lo largo de este complejo viaje la nave se encontró con Venus, la Tierra y con los asteroides Gaspra e Ida.

Muchas más sorpresas (buenas y malas)

Tampoco faltaron los problemas durante el camino. Meses antes del encuentro con el asteroide Gaspra, tocó desplegar la antena de alta ganancia de la nave. Sin embargo ésta se atascó y no hubo manera de arreglarla. Hasta la fecha las transmisiones se han tenido que hacer mediante la antena de baja ganancia. Pero también llegaban buenas noticias. Gracias al encuentro con Ida, la nave Galileo realizó su primer gran descubrimiento: una luna orbitando alrededor de este asteroide, la primera vez que se observaba algo así. Esto sucedía en agosto de 1993, a mitad de camino hacia Júpiter. Poco tiempo después, hacia el verano siguiente, la Galileo fue testigo ocular de uno de los sucesos astronómicos más raros e importantes de los últimos tiempos, el impacto del cometa Shoemaker-Levy 9 sobre la superficie de Júpiter.

Recta final hacia el gigante

Un año después del espectáculo del S/L 9, la nave Galileo se enfrentó a una última prueba antes de encontrarse con Júpiter y su prole. En julio de 1995, la nave orbital Galileo se desprendió suavemente de la sonda atmosférica, en una trayectoria que la llevaría hacia la atmósfera de Júpiter 5 meses después, en diciembre.

Para no seguir el mismo destino que la sonda, la nave orbital tenía que desviarse de ese curso. Fue la primera vez que se encendía el motor principal de la nave, tras 6 años en el espacio. El motor respondió bien y permaneció encendido durante 308,1 segundos.

El 7 de diciembre de 1995 fue el esperado día de llegada. Primero la Galileo sobrevoló el satélite Europa (a 32.500 km). Cinco horas después, mientras describía su primera curva alrededor de Júpiter, pasó a sólo 900 km de Io, y aquí comenzaron las mediciones. No se tomaron imágenes de los satélites (una gran pérdida) por problemas en la cinta de grabación, pero sí se hicieron mediciones de partículas, en particular del anillo (un toro) de plasma existente a lo largo de la órbita de Io. También se confirmó la existencia de un enorme núcleo de hierro dentro de este satélite. Durante esos momentos, la sonda atmosférica soltada hacía 5 meses comenzó también a hacer mediciones de partículas en los bordes de la atmósfera joviana.

Cuatro horas y media después, en su mayor acercamiento a Júpiter, la nave orbital comenzó a recibir datos de la sonda, que ya había desplegado su paracaídas y se encontraba en el interior de la atmósfera. La sonda envió información acerca de la luz solar, presión, temperatura, actividad eléctrica, vientos, composición y estructura de la atmósfera de Júpiter. Aproximadamente una hora y media después, a una presión de 24 bares y 1.700 grados Centrígrados, la sonda dejó de transmitir. Nueve horas después toda la sonda se había evaporado.

En casa

Hora y media después de dejar de recibir señales de la sonda, la nave Galileo encendió su motor principal durante 49 minutos en una maniobra crítica para colocarse en órbita alrededor de Júpiter. La operación fue bien y la Galileo se situó en la primera órbita de un total de 11 planeadas para su misión.

Hoy, después de haber recibido dos extensiones (además de la actual), la nave Galileo se encuentra orbitando alrededor del gigante en su vuelta número 30. Durante este tiempo nos ha enviado muchas fotografías de Júpiter y sus lunas, ha descubierto un mar salado líquido bajo la capa de hielo de la superficie de Europa, ha observado los procesos volcánicos de Io, ha detectado el campo magnético interno de un satélite (Ganímedes), y muchos descubrimientos más.

El próximo 25 de mayo, un encuentro con Calisto lanzará a la nave hacia las regiones polares de Io. Allí estudiará sus volcanes y tratará de determinar si Io tiene su propio campo magnético, además de estudiar el toro de gas ionizado existente a lo largo de la órbita de Io.

A finales de 2002, la Galileo se acercará a Júpiter más que nunca para sobrevolar Amaltea y medir su masa y densidad. En 2003, la nave entrará en su última órbita alrededor del planeta, y en agosto acabará sumergiéndose en él, igual que la sonda hace cinco años, para pasar a formar parte de la atmósfera del gigante rojo.