Reflexiones sobre la divulgación de la Ciencia

Antonio Sánchez Ibarra, quien nos honra periódicamente en info.astro con sus textos, recibió el 27 abr 2001 el Premio Nacional de Divulgación de la Ciencia de México. En los siguientes párrafos, reproducimos las emotivas palabras con las que Antonio agradeció su distinción.
C. Secretario de Educación Pública, Dr. Reyes Tames Guerra.

Señores rectores y funcionarios.

Distinguido público.

Me toca ser en esta ocasión el depositario de algo más que un premio o un halago personal: de la esperanza de poder continuar con mayor fuerza, en una vieja tarea que ya cumple 30 años.

SOMEDICYT, con su existencia y sus actividades, le ha dado formal presencia a una labor no recién inventada, sino existente desde que la ciencia comenzó a florecer en este país. Pero SOMEDICYT ha creado una presencia digna en la figura del llamado divulgador. Aquí estamos.

No concluye el debate al tratar de perfilar a tal personaje, el divulgador y se me antoja en esta ocasión en base al ejemplo más directo que tengo, si bien no el mejor, que es el mío, hurgar en las motivaciones que nos llevan a compartir el conocimiento con los demás.

Se me antoja como premisa inicial marcar el amor hacia el conocimiento como el elemento sustancial que propicia el compartirlo. Pero el compartirlo no como una clase formal, sino como una pasión, una experiencia, una serie de vivencias, una aventura, una herencia que cargamos sobre nuestros hombros y que es el producto de la especie humana, en la figura tanto de famosos científicos como de muchos anónimos que han y acrecientan el saber constantemente.

Tal sustancia ya hace diferentes las cosas.

En mi experiencia personal, ese fue el elemento que me llevo hace treinta años a iniciar la tarea de divulgar.

Sin embargo, tiempo después, en la medida que revisaba mi propia trayectoria en el aprendizaje de la Astronomía, el cual no ha concluido, y me percataba lo difícil que había sido alimentar mi vocación no sólo con información accesible como pueden ser los libros, tan escasos y caducos, sino también con el contacto personal a través de las charlas con hombres de ciencia o la asistencia a centros de divulgación científica, tan poco frecuentes ambos en provincia, la perspectiva fue modificándose.

Sumo además, el embate constante y progresivo de las pseudociencias y el pensamiento dogmático a nivel mundial. Muestra elemental de ello en pleno siglo XXI, es la presencia garantizada del horóscopo en muchos medios impresos contra la esporádica aparición de un artículo científico.

Esto me llevó a considerar la tarea de la divulgación científica, no como una necesidad, sino como una urgencia.

Si bien la ciencia no lo puede resolver todo, si se vuelve imprescindible en el mundo actual. Vivimos inmersos en un mundo de ciencia y tecnología desde la cocina hasta la oficina. Somos usuarios constantes de aparatos y las comunicaciones nos permiten estar virtualmente en cualquier lugar.

Pero la ciencia no se restringe al producto consecuencia de sus búsquedas, presente en el avance tecnológico. La ciencia, como y junto con el arte, resumen en toda su intensidad nuestro carácter de homo sapiens, término que nos diferencia del resto de las especies en el planeta Tierra.

La ausencia de una cultura científica se revierte como la falta de conservación del habitab, el planeta; como la ausencia de un pensamiento crítico y del escepticismo, tan fundamentales para moldear un destino global. Un destino como humanidad.

De ahí que la tarea me parezca inmensa. De ahí que hayan surgido los mecanismos para estar, en todas las formas y todos los medios posibles creando los conductos para que haya un constante flujo del conocimiento científico y, en particular del astronómico, a quienes sea posible.

El prestigiado maestro Ruy Pérez Tamayo plantea que la fuga de cerebros no se restringe a aquellos que cruzan las fronteras, sino también, entre otros, a quienes no recibieron el nutrimento suficiente y adecuado para su vocación. He comprobado que eso es verdad.

He tenido la fortuna de encontrarme con seres cuyo destino parecía concluido y remoto a su original interés por la ciencia y que gracias a una charla o a una observación astronómica cancelaron su presente para buscar un futuro en la ciencia.

He recibido el agradecimiento de alguien que puede asomarse al mundo de la ciencia con facilidad, comprobando que ésta no es para iniciados.

He visto el asombro de un niño al percatarse que el mundo es algo más que finanzas y mercadotecnia.

El siglo XXI no ha iniciado. No fue el arrancar una hoja del calendario. El siglo XXI dará inicio en nuestra mente cuando nos percatemos del mundo en que vivimos realmente y en el cual la ciencia contribuye en forma impresionante.

La ciencia ficción es alcanzada y en ocasiones rebasada por la ciencia real. Viajes a Marte, el genoma humano, la búsqueda seria de inteligencia extraterrestre, la masa del neutrino, la inteligencia artificial, el futuro del universo.

Todas estas y tantas cosas mas en el mundo de la ciencia que de hecho han ocurrido ya mientras pronuncio este discurso, requieren de infinidad de apasionados traductores que como puente entre la comunidad científica y la comunidad en general, contribuyan a crear una cultura y un pensamiento científico. Sean como la llama de una vela en la oscuridad. "Vivimos en una sociedad profundamente dependiente de la ciencia y la tecnología y en la que nadie sabe nada de estos temas. Ello constituye una fórmula segura para el desastre", señaló Carl Sagan en una de sus tantas obras.

Pertenecientes al campo de la ciencia o no, los divulgadores tenemos que contribuir a destruir tal fórmula con pasión, con conocimiento, con imaginación, con perseverancia.

Sr. Secretario de Educación Pública:

En todos los divulgadores de la ciencia y la técnica, conocidos o desconocidos, hay un regimiento de apoyo a la Educación y a la creación de una cultura científica.

Por nuestra parte, mis compañeros y equipo de la Universidad, desde el Desierto de Sonora habremos de lanzar el próximo miércoles 2 de mayo a las 13 hrs. por el cyber-espacio en vivo, la primera luz e imagen del primero de cuatro telescopios del nuevo Observatorio Astronómico Solar-Estelar "Carl Sagan", cuya misión, además de científica, será la de ser un espacio constante de aprendizaje en Astronomía para cualquier niño, joven y adulto que lo desee. Un observatorio para todos.

Por mi parte, continuo mi tarea y como primera acción después de este significativo momento, me permito el obsequiarle lo que siempre he considerado es el mejor regalo: un libro. La impresión fotomecánica, primer original, del libro "101 Preguntas Clásicas de Astronomía", que escribí y actualmente se encuentra imprimiéndose en mi alma mater, para aparecer en aproximadamente trece días más. Espero se deleite con este paseo por el Universo.

Vale y continua el compromiso y ante la acción, el mejor respaldo de cualquier palabra.

Muchas gracias.