Mira, la estrella cometa

Luz al final de la Edad Oscura

Un equipo de astrónomos han descubierto la galaxia más lejana observada hasta el momento, mediante el Hubble y el telescopio Keck.

La Edad Oscura

Los astrónomos caen fácilmente en la tentación de ponerles nombres llamativos a todo lo que encuentran, como si los objetos que estudian no fueran ya suficientemente llamativos. Por ejemplo, en los últimos años se suele hablar de la Edad Oscura para referirse a esos momentos de los que no tenemos información, que transcurren desde la emisión de la radiación cósmica de fondo (cuando el Universo se hace transparente a la radiación al desacoplarse los fotones, debido a que la materia se hace más convencional, es decir, queda en forma de átomos neutros) y las primera galaxias y cuásares observados. Esa Edad Oscura anda entre el medio millón de años después del Big Bang y el millón de años, cuando comienza la antes llamada Era de los Cuásares.

Detectando galaxias lejanas

La noticia astronómica (o cosmológica) de la semana es la detección de una galaxia bastante jovencita que está a unos 13.000 millones de años-luz de nosotros. Eso quiere decir que estamos observándola tal y como era cuando el Universo tenía unos 750 millones de años, en plena Edad Oscura. En esa época, suponen los astrofísicos, se fueron formando las primeras galaxias, pero poco sabemos de ellas. Diferentes teorías proponen que el mecanismo pudo haber sido la formación de grupos más densos de materia, en los que se iba dando formación estelar que iban juntándose -coalesciendo- para formar galaxias más grandes. El proceso sería más rápido cuanto más masivos los aglomerados de materia. Los cuásares serían el resultado de esos enormes mogollones, afortunadamente, y digo afortunadamente porque al ser tan brillantes, por sus núcleos con agujeros negros gigantescos, que resulta más sencilla su detección.

En el caso de una galaxia primordial, la detección es mucho más difícil, imposible si tenemos en cuenta el alcance incluso de los mejores telescopios de la Tierra. Sencillamente, nos llega demasiado poca energía como para saber que están por allí. Otra razón, por lo tanto, para hablar de la Edad Oscura.

Lentes galácticas

La cosa es que la casualidad y las reglas del juego del Universo se han aliado esta vez a nuestro favor. Mucho más cerca de nosotros (a unos 2.000 millones de años luz, que tampoco es moco de pavo, conste) que esa pequeña galaxia de la que hoy hablan los medios de comunicación se encuentra un gigantesco cúmulo de galaxias denominado Abell 2218. En agosto del 2000 se dio a conocer una imagen de este cúmulo donde se descubría cómo funcionaba como una lente gravitatoria. Esa enorme masa era capaz de curvar la luz de objetos que están detrás de ella, actuando como una lente, distorsionando la imagen de esos objetos, pero a la vez magnificando la energía que nos llega de ellos. Pues bien, uno de esos objetos es esta galaxia, cuya magnificación se produce en un factor 25, según los cálculos.

Eso ha permitido que su luz haya sido analizada en detalle con el telescopio Keck de Mauna Kea, descubriendo que su espectro se halla desplazado al rojo en un factor cercano a 7. (Las primeras mediciones con el Hubble daban una horquilla entre 6,6 y 7,1). Ese desplazamiento equivale a una distancia de unos 13.000 millones de años-luz. El espectro de la galaxia no muestra líneas de emisión de Hidrógeno típicas de estrellas jóvenes, mientras que tiene un importante exceso UV, mucho más que en las regiones de formación estelar conocidas. Posiblemente, la formación estelar que se produce en este pequeño objeto (se estima su tamaño en unos 2.000 años-luz, compárese con los 150.000 de diámetro de la Vía Láctea...) corresponde a lo que pasaba en ese Universo más joven.

Hay que decir que no es la primera vez que se usa el poder de magnificación de un cúmulo de galaxias para conocer una galaxia primitiva (por ejemplo, la vez primera que se dedujo algo así a partir del Telescopio Espacial Hubble fue en 1996, cuando se descubrió una galaxia azul a unos 10.000 millones de años luz detrás de un cúmulo que había sido observado en 1994.

En fin, que una vez más vemos cómo el Hubble, esta vez usado en coordinación con otros telescopios, es una herramienta inigualable para ir conociendo el Universo. Una pena, una vergüenza, que vaya a acabar de tan mal modo por culpa de los recortes de la NASA.

Referencias