Mira, la estrella cometa

¿Por qué hoy es el día de Navidad?

En las culturas de tradición cristiana, hoy celebramos la Navidad, pero no somos los únicos.
Seguramente, estamos todos los años tan inmersos en las compras de última hora y en preparativos para cenas y almuerzos copiosos que nunca nos paramos a pensar por qué es hoy el día de Navidad. Obviamente, la respuesta que todos daríamos al principio es que hoy celebramos el nacimiento de Jesús, esto es, la Natividad de Jesús (de ahí deriva Navidad). No nos pongamos a debatir ahora sobre si Jesús es el Hijo de Dios, el propio Dios, o un profeta (como dice el Islam) ni dudemos de su existencia: sabemos que existió una persona con ese nombre que fue crucificada, esto no viene en el Nuevo Testamento (que no es un libro histórico) pero sí lo recogió el historiador romano Flavio Josefo en su crónicas de los judíos. La cosa que quiero contar aquí es otra. ¿Realmente cumpliría hoy Jesús 2005 años?

¿En qué mes nació Jesús?

Jesús no nació un 25 de diciembre. Los meses como tales ya existían con los nombres que conocemos, incluso febrero era bisiesto cada cuatro años: estaba en funcionamiento el calendario impuesto por Julio César tras ascender como dictador de Roma, el Calendario Juliano. Pero en diciembre, como ahora, hace mucho frío y, según la tradición, los pastores estaban al raso cuidando a sus ovejas cuando el ángel del Señor les dio la Buena Nueva. Además, toda la parafernalia de que Jesús nació en un pesebre fue porque José tenía que ir a censarse a Belén, su pueblo natal, y no tuvo más remedio el pobre que llevarse a María, preñaísima. Pero esto es difícil que se hiciese en invierno con el mal tiempo. Es bastante improbable que el feliz alumbramiento hubiera ocurrido en estas fechas, más probable es que pasara en primavera-verano.

¿En qué año nació Jesús?

Además, por supuesto, tampoco fue hace 2005 años: ocurrió al menos en el 5 a.C. Esta historia es muy curiosa, me encanta contarla. La primera vez que se empezó a enumerar los años de nuestra era desde el nacimiento de Jesús fue en el 525 cuando el monje Dionisio el Exiguo se puso a contar hacia atrás usando la cronología del Imperio Romano para llegar al momento del nacimiento del Mesías. Pero se equivocó doblemente. Primero, porque entonces no se usaba el cero. De hecho, no se puede escribir cero en números romanos, es un invento arábico, transmitido por el Imperio Mesopotámico, que tenía grandes conocimientos astronómicos. Así, nuestras eras pasan del 1 a.C al 1 d.C. Es por este motivo por el que el año 2000 perteneció al siglo XX, al igual que el año 100 era el último año del siglo I (que debería ser el siglo 0, pero no lo liemos más). El segundo gran fallo que introdujo Dionisio fue que no contó los 4 años que el emperador Augusto estuvo gobernando el Imperio Romano bajo su verdadero nombre, Octavio. Ahí tenemos los 5 años que faltan.

Es más, precisamente las crónicas judías de Flavio Josefo indican claramente que Herodes (el famoso mata niños que derivó en la tradición de los Santos Inocentes) murió antes de un eclipse de luna... que sucedió en el 4 a.C. Así, parece que Jesús no cumpliría 2005 años hoy.

Solsticio de invierno

Vale, después de este rollo, ¿por qué es entonces el día de Navidad hoy? Mucho antes que ocurriera el nacimiento de Jesús, que apareciese Roma e incluso las primeras civilizaciones uno de los momentos más importantes del año era el Solsticio de Invierno, el día más corto del año. Se pensaba que era el día en el que el Dios Sol vencía y volvía a ascender a los cielos. Muchísimos yacimientos arqueológicos prehistóricos están alineados con esta dirección privilegiada: la salida del Sol en el Solsticio de Invierno (o la puesta del Sol ese mismo día). Stonehenge quizás es el ejemplo más claro (pero, ojo, Stonehenge era un templo funerario, no un observatorio astronómico como algunos pseudocientíficos pregonan a los cuatro vientos, y esto está bastante comprobado: sólo está alineado al solsticio de invierno y a la salida de la Luna en su momento de máximo alejamiento norte de la eclíptica). Por la época romana se conocía a esta festividad como Sol Invictus, fiesta pagana que, creo recordar, se adoptó de Oriente. Curiosamente, también se tenía por entonces la costumbre de repartir regalos a la familia y a los niños.

Fiestas paganas

Cuando la Iglesia comenzó a funcionar y propagarse, allá para finales del siglo I, siendo aún proscritos por la ley de Roma, adoptaron esta fiesta pagana como el momento del nacimiento de Jesús para pasar desapercibidos. En verdad, es justo lo que festejaba el día: el renacimiento del dios Sol, su vuelta a la vida. Esto sucedía el 25 de diciembre, al igual que el equinoccio de primavera ocurría entonces el 25 de marzo. ¿Qué pasó? Que la Reforma Juliana no contaba el año de forma exacta: era 11 minutos y 14 segundos mayor que el año astronómico. Eso supone un día cada 128 años. La primera vez que se detectó el error fue durante el Concilio de Nicea, en el 325 d.C., donde ya se tenía una divergencia de tres días. Uno de los objetivos de este concilio fue fijar el equinoccio de primavera porque se tenía que conocer el Domingo de Pascua, que coincide con el primer fin de semana tras la primera Luna Llena después de la entrada de la primavera (el calendario judío es lunar en su mayor parte). El Domingo de Pascua es la base del calendario eclesiástico, por eso tenía tanta importancia conocer su precisa ubicación en el año. Ésta es la razón por la que la fecha de la Semana Santa varía de año a año (y en 2005 entra muy pronto, a mitad de marzo). La solución que se adoptó en el concilio para corregir esos tres días de más fue mover el equinoccio de primavera del 25 al 21 de marzo. Al mover esa efeméride, se movieron también todas las demás, pasando el solsticio de invierno a producirse el 21 de diciembre. ¡Pero la natividad se siguió celebrando el 25, o sea, hoy!

Conclusión: estamos hoy de fiesta por motivos del caprichoso calendario, que se reduce a comportamientos astronómicos. Y, por supuesto, también a los caprichosos vaivenes de las religiones y la civilización en la que nos encontramos.

Sólo puedo terminar diciendo ¡Feliz Navidad a todos!

Ángel R. López Sánchez es astrofísico residente del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC)