Mira, la estrella cometa

El futuro de la exploración espacial

Se acaban de cumplir 20 años del desastre del transbordador Challenger y 3 años del desastre del Columbia. ¿Cuál es el futuro que le espera a la exploración espacial tripulada?

Exploradores

Resulta sorprendente que los homínidos, en lugar de disfrutar de lugares cálidos y con abundante comida, se encaminaran a los cuatro puntos cardinales para conquistar terrenos áridos, azotados por inclemencias climatológicas o por las más terribles fuerzas de la Naturaleza. Desde los asiáticos que fueron a América, a los inuits del Círculo Polar Ártico, hasta los polinesios que conquistaron el inmenso Océano Pacífico. Resulta asombroso, no solo que recorrieran tales distancias sin buenos medios de transporte, sino que además se asentaran en lugares tan inhóspitos. ¿Cuántos murieron en el intento? ¿Cuántos, a pesar de los peligros, continuaron? Y sobre todo, ¿por qué? Algo nos empuja a emprender proyectos que en buena parte de las ocasiones resultan trágicos.

Cuando la Tierra se nos ha quedado pequeña, hemos mirado hacia las estrellas, soñando con conquistar el Sistema Solar. Los cohetes y las cápsulas han sustituido a las canoas, pero a pesar de nuestras avanzadas tecnologías, la aventura continúa siendo peligrosa.

Tragedias espaciales

El 28 de enero de 1986, 30 segundos después del despegue, el transbordador Challenger saltó literalmente por los aires, matando a sus siete tripulantes, entre los que se encontraba una maestra de escuela. El 2 de febrero de 2003, el transbordador Columbia saltó también por los aires durante la reentrada atmosférica, falleciendo en el acto sus siete tripulantes. Dos fallos mortales entre poco más de 100 lanzamientos no es una buena estadística, especialmente para una agencia espacial, la NASA, orgullosa de sus logros en la carrera espacial. Sin transbordadores, la construcción de la Estación Espacial Internacional está paralizada y se ha cancelado el programa científico abordo por falta de personal, dedicados en exclusiva al mantenimiento de la Estación. Resulta irónico, pero en estos momentos, la superpotencia mundial no tiene capacidad para poner personas en órbita, hecho reservado de momento a sus dos antiguos rivales comunistas, Rusia y China.

La Visión Espacial

Los expertos de la Junta de Investigación del Desastre del Columbia (CAIB) recomendaron que para solventar la crisis, la NASA debía hacer mayores esfuerzos en seguridad y planear bien sus objetivos a medio y largo plazo. Los asesores de la Casa Blanca aprovecharon políticamente esta circunstancia y hace dos años, en el discurso sobre el estado de la nación, George W. Bush anunció su Visión Espacial. Ésta consiste en volver a la Luna a finales de la próxima década, establecer una base permanente en la Luna y tras ello, pisar Marte.

El plan detallado, que presentó la NASA el verano pasado, prevee abandonar los transbordadores en 2010 y la Estación Espacial poco después. Con los recursos económicos que liberen estos dos proyectos, más un incremento continuado de fondos, se invertirá en el desarrollo de cápsulas reutilizables para sustituir a los transbordadores, y en el desarrollo de cohetes casi tan potentes como el Saturno V para enviar versiones mejoradas de las cápsulas a la Luna. Por otro lado, el plan supone el recorte de proyectos científicos de la NASA, como sondas de exploración y otros programas de ciencia básica. El sustituto del Telescopio Espacial Hubble, el Telescopio James Webb, de momento se salva de la quema, pero algunos analistas creen que también podría verse afectado por el cambio de política.

Robots contra humanos

Mientras tanto, la exploración robotizada del Sistema Solar está expandiendo nuestro conocimiento del medio interplanetario a pasos agigantados: rovers que recorren la superficie de Marte, sondas que recolectan polvo cometario, que se posan en asteroides o que penetran en densas atmósferas de frías y distantes lunas. ¿No es mejor, más rápido y barato explorar el Espacio con robots?

La exploración robótica es más rentable científica y económicamente. Las sondas pueden llegar a donde los humanos no podemos, a lugares con condiciones extremas, y recorriendo durante décadas miles de millones de kilómetros. Pero las sondas no despiertan igual pasión. Los humanos nos sentimos más identificados con Yuri Gagarin, Neil Armstrong o Denis Tito que con Cassini-Huygens o Stardust. Queremos volver a la Luna, queremos conquistar Marte y quizás algún día, colonizar el Espacio. Para todas estas empresas hay que invertir ingentes cantidades de dinero y, por mucho que nos inspire llegar más lejos en la Tierra, aquí también hay problemas que resolver. Este es el punto crítico de la exploración espacial tripulada. Algunos analistas temen que la Visión de Bush quede en papel mojado, que cuando los sobrecostes sean excesivos, el Congreso estadounidense o los próximos presidentes de la Casa Blanca, rebajen las metas.

Futuros

Invertir en el Espacio no es una pérdida de dinero. Es un sector estratégico que da trabajo a científicos e ingenieros. Nos aporta un gran conocimiento de nuestro entorno. Se crean nuevas tecnologías, muchas de ellas con aplicaciones comerciales. Inspira a los jóvenes. Tiene profundas implicaciones filosóficas. Para conquistar el Espacio de forma decidida, debemos aprender a hacerlo mediante una cooperaración internacional más estrecha, que distribuya los grandes costes y sea menos dependiente de los vaivenes políticos; o, alternativamente, encontramos una forma más segura y mucho más barata de ponernos en órbita. En este sentido, el hito del SpaceShipOne, el avión-cohete que fue el primer vehículo de diseño y construcción privada en llegar a 100 km de altura, da muchas esperanzas.

Gracias a la exploración del Espacio hemos descubierto que los cometas poseen los bloques básicos de la vida. Quizás son los responsables de inseminar a los planetas. En la Tierra, la vida apareció poco tiempo después del impacto que dio origen a la Luna, hace 3800 millones de años. La vida se ha ido adaptando a todos los lugares y condiciones imaginables, y algunas inimaginables. Los humanos, con apenas 2 millones de años en este planeta, seguimos ese mismo curso, de forma perseverante. Quizás no es en las estrellas donde está escrito que queramos llevar la vida a otros planetas. Quizás está escrito en nuestros genes.

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